En una semana en la que muchas parejas (y solteros) esperan con anhelo a San Valentín, en El Malaguita no nos hemos podido resistir a contar una historia de amor. Y es que son muchas las historias de enamorados que hay en nuestra provincia, como ya vimos por ejemplo con la de Abindarráez y la bella Jarifa. Sin embargo, la más famosa (y protagonista de hoy) tiene lugar en una peña conocida por todos los que han viajado a nuestra provincia: la peña de los enamorados.

Hay quien la conoce como El indio tumbado, muchos cordobeses se refieren a ella como La cabeza de Manolete y hasta se cuenta que Cristobal Colón reparó en este lugar por la forma de una mujer tendida mirando al cielo. Lo que claro es que este enclave situado a medio camino de la ciudad de los dólmenes y Archidona es uno de los referentes del patrimonio natural de Andalucía y está tan ligado al perfil de la ciudad como lo está el Torcal, formando parte además del Sitio de los Dólmenes de Antequera, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. La peña da honor a su nombre con una leyenda sobre dos enamorados, siendo la más conocida la de los jóvenes Tello y Tagzona.

Él era cristiano y ella musulmana. Tello cayó prisionero en Archidona, por aquel entonces bajo el poder musulmán. La hija del ‘walí’ Ibrahím, Tagzona, visitó por curiosidad los calabozos en los que se encontró con el apuesto guerrero, enamorándose de él al verlo y liberándolo de prisión. Un flechazo a primera vista, aunque sus religiones les impedían casarse y por eso ambos decidieron fugarse. Pero fueron descubiertos por los guardias que, con el padre de Tagzona al frente, salieron a su captura.

Llegaron a un peñón en las cercanías de Antequera, decidiendo subir a él ya que no podían guardar las distancias con los perseguidores. En la cima, los arqueros del padre musulmán apuntaron a los jóvenes. Ambos se miraron, se cogieron de la mano y se colocaron al filo. Su destino pasaba por rendirse, ser capturados y separados, pero Tello y Tagzona, unidos por sus manos, se miraron fijamente y se despeñaron, saltando al vacío, prefiriendo morir a ser separados.

Esta trágica muerte hizo que el jefe musulmán y el cristiano encontraran la paz después de tantísimas batallas.

Sea real o no, ésta historia situada en el siglo XV ha ido pasando de generación en generación hasta nuestros días. En 1544, Juan de Vilches, humanista y poeta neolatino de Antequera contó la leyenda de esta peña en su obra De rupe duorum amantium apud Antiquariam sita y en el siglo XVI también fue recogida por el humanista italiano Lorenzo Valla por encargo de Alfonso V el Magnífico. Curiosamente en la web de la Diputación de Málaga, la historia ya difiere de la que acabamos de contar.

Además, en el mismo pico de la peña había una estatua de piedra de una joven y un hombre abrazados, que están inclinados hacia el barranco, de la que se decía que, cuando atardecía y el sol daba a la peña destellos rojizos, “era por la sangre derramada por ambos jóvenes”. Actualmente el Monumento a los enamorados, obra de Manuel Patricio Toro, está situado en la Plaza de Castilla de Antequera como homenaje a la leyenda que hemos contado.

Y como siempre para terminar, os recomendamos visitar la zona y disfrutar de las bondades que nos ofrece Antequera. En cuanto la situación y la normativa lo permita, claro…

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