Tras la receta del pasado viernes en la que evocamos la festividad de San Antón, en El Malaguita nos hemos vuelto a acordar de algunos de los pueblos de nuestra provincia más desconocidos por parte de muchos visitantes, como es el caso del protagonista de la leyenda de hoy: Árchez.

Enclavado en la Axarquía, dentro de la ruta mudéjar, Árchez es uno de los pueblos menos poblados de la provincia y conserva en muy buen estado un alminar que fue de su mezquita y que hoy día sirve de campanario adosado a la iglesia de Ntra. Sra. de la Encarnación. Además, este alminar fue declarado Monumento Histórico Artístico del Patrimonio Nacional el 20 de Abril de 1979.

Este alminar es una joya arquitectónica almohade del siglo XIV y constituye una de las mejores muestras de este tipo de arquitectura. Su torre de ladrillo rojo, la única joya nazarí que se conserva, tiene una ornamentación entre los rombos mixtilíneos en ladrillo (sebkas) del paño a base de temas vegetales estilizados, similares al tema simétrico del árbol de la vida, con cuatro vástagos a cada lado y otros temas de mayor abstracción difíciles de identificar, ambos pintados en negro.

Este alminar se levanta a 15 metros de altura sobre una planta cuadrada y pilar central, en torno al que se dispone la escalera para acceder al cuerpo de campanas, añadido cristiano en el que se remata. Una de esas campanas del alminar de Árchez tiene una leyenda que dice así: “Me hizo D. Ramón Rivas, siendo cura propio D. Ildefonso Tomé y García y alcalde D. Antonio García Azuaga. Año 1876”.

No está de más recordar que estamos hablando del mismo fundidor de tres de las campañas de la catedral de Málaga. Pues bien, en esa misma campana, fundida en 1876 en Torredonjimeno (Jaén), hay una lagartija en relieve, la verdadera protagonista de nuestra historia.

La leyenda cuenta que la desdichada lagartija cayó dentro de la campana en pleno vaciado del bronce y, desde entonces, quedo para siempre prisionera del metal, dejando en relieve su cuerpo inmortalizado. Aquí se inicia la leyenda que acompaña a la campana y cuenta que “todo mozo que no encuentre pareja puede liberarse de su estado de soltería si accede hasta la campana y besa el inquietante reptil. En algunos casos será suficiente con una vez y en otros habrá que repetirlo hasta que suceda lo deseado”.

Lamentablemente, la realidad en este caso es muy dura con la leyenda, ya que en el proceso de fundación o vaciado de una campana, al ser bronce líquido el que entra lentamente en el molde, en el caso de que hubiera caído un reptil en la masa incandescente, éste habría desaparecido inmediatamente. Además, en el hipotético caso de que hubiese pasado, al revisar la campana y ver el desperfecto, ésta se habría retirado y vuelto a fundir.

Existe constancia de que una lagartija o una salamanquesa en alto relieve era un símbolo muy habitual (como otros tantos) en las campanas que se hacían, por lo general, a pie de torre. Este adorno o firma era realizado por un maestro vaciador que se desplazaba con el material necesario hasta el lugar requerido.

De todas formas, viendo la historia de la campana y comparándola con “la rana de Salamanca”, quiénes somos nosotros para chafarla…

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  1. […] la semana pasada hablábamos en El Malaguita de la leyenda de Árchez, uno de los pueblos con menor población de la provincia, esta semana viajamos (virtualmente, […]

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