La historia de nuestra provincia también está llena de personajes de distinto calado, y hoy en El Malaguita hemos querido recordar a un personaje de carácter casi épico, entre la historia y la leyenda, prototipo de héroe romántico y asesino pasional. Hablamos de El Tragabuches, uno de los más famosos bandoleros de Ronda a finales del Siglo XVIII.

El Tragabuches nació como José Mateo Balcázar Navarro en Arcos de la Frontera (Cádiz) el 21 de Septiembre de 1781,  siendo de raza gitana, y heredando el apodo de su padre, conocido porque en una ocasión se había comido un feto de asno (llamado “buche”) adobado. En 1783 cambió su nombre por el de José Ulloa Navarro amparándose en una pragmática real en la que Carlos III autorizaba a los gitanos a tomar el apellido que deseasen.

Su padrino fue D. Bartolomé Romero, pariente de la familia torera rondeña de los Romero, por lo que José Ulloa comenzó su andadura taurina en la escuela que había organizado Pedro Romero bajo el patrocinio de la Real Maestranza de Caballería gracias a las leyes reformistas de Carlos III, que prohibían las discriminación de los gitanos, a cambio de su integración en la sociedad civil. Al cumplir veinte años de edad, El Tragabuches acompañó a los hermanos Gaspar y José Romero por las plazas del sur de España, actuando como banderillero y llegando a la categoría de sobresaliente. Recibió la alternativa como torero en Salamanca el 12 de Septiembre de 1802, donde murió Gaspar Romero de una cogida, teniendo El Tragabuches que terminar la corrida.

Pronto José destacó en ese mundo. Su figura elegante y su estilo de toreo  “severo, sosegado y efectivo” conquistó las plazas de media España, que veían  en él a una de las grandes promesas del toreo. Alcanzó fama y dinero, conociendo a lo más granado de la sociedad artística de Ronda y conoció a la que sería su esposa: una cantaora de flamenco conocida como María “La Nena”.  El Tragabuches pronto abandonó su carrera como matador de toros y comenzó a actuar como contrabandista junto a su pareja, obteniendo él las mercancías en  Gibraltar y ocupándose ella de la distribución del contrabando.

En 1.814, Málaga celebró el regreso a España del Rey Fernando VII organizando tres corridas de toros y un antiguo compañero de la cuadrilla de los Romero lo invitó a torear en los festejos taurinos. Cuando se dirigía a la capital de la provincia malagueña, su caballo lo derribó y la caída le causó una dislocación de brazo, por lo que se vio obligado a regresar a Ronda.

Cuando El Tragabuches llegó a su casa encontró la puerta cerrada, y al entrar vio a su mujer muy turbada y nerviosa. Registró toda la casa sin encontrar a nadie, se dirigió a una tinaja usada para guardar el agua potable de la casa del torero donde encontró escondido al amante de su mujer, un sacristán conocido como Pepe “El Listillo”. Se cuenta que allí mismo lo ahogó y a ella la tiró por el balcón, muriendo al romperse el cráneo contra el empedrado de la calle. “Salió a la calle, besó la frente de su amada y le bajó las faldas para que nadie del pueblo pudiera ver sus aireadas vergüenzas, montó en su caballo huyendo camino de Gibraltar y lejos de la muerte segura que le habría esperado en la horca por el loco asesinato.”

Nació así  el bandolero conocido como El Gitano, muriendo  El Tragabuches. Coincidió con los inicios de bandolero con El Tempranillo y pronto se uniría a la cuadrilla de bandidos conocida como Los 7 niños de Écija (“que ni eran siete, ni eran de Écija”), famosos entre los años 1814 y 1817 por sus numerosos asaltos a funcionarios y viajeros desprevenidos que tenían la mala suerte de cruzarse en su camino y dirigida por entonces por Juan Palomo.

Esta banda se disolvió en 1817, cuando fue capturada y casi todos sus miembros fueron ejecutados. Sin embargo El Gitano no fue apresado y su huella se pierde desde ese momento. Se cuenta que consiguió huir a Portugal con el dinero de sus últimos robos, ya que la leyenda popular afirma que años más tarde apareció en una localidad cercana a Ronda un gitano viejo y solitario, que al morir se descubrió que era portador de un tesoro en monedas antiguas.

Para terminar, se dice que fue también cantaor y a él se le atribuye la letra: “Una mujer fue la causa de mi perdición primera. No hay ningún mal de los hombres que de mujeres no venga”.

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  1. […] gustarnos. Ese es el caso de la historia de hoy, que acudió a nosotros mientras contábamos la del Tragabuches y que en plena Cuaresma queremos recuperar: la leyenda del bandido […]

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