Málaga está llena de historias que han dejado su huella en la ciudad, en su gente durante generaciones. Este es el caso de la historia que traemos hoy y que esperamos que os guste. Primero tenemos que situarnos en el contexto histórico.

El 16 de Diciembre de 1900, a causa del fuerte temporal, la fragata de guerra alemana Gneisenau, que había estado anclada en la rada del puerto de Málaga en espera de recoger al embajador alemán, se haya anclada a la bahía, tras rechazar su comandante, Kretschmann, la invitación de las autoridades portuarias para haber permanecido un tiempo más ahí. Dada la fuerza del viento, la nave se arrastraba irremediablemente hacia la costa, zarandeando a todo el barco y empujándolo peligrosa e irremediablemente hacia las piedras del dique de Levante. El fantasma del encallamiento y del choque brutal contra aquel dique era ya una realidad. Finalmente se rompería también la segunda y última ancla y fue entonces cuando la fragata quedó a merced de las olas y del huracanado viento, siendo arrastrada contra las rocas de la Farola, donde la nave empieza a hundirse con sus 3.000 toneladas y sus 470 tripulantes en el interior.

Desde los primeros momentos de la tragedia, numerosas personas se acercaron al puerto. Varias embarcaciones se hicieron a la mar, logrando rescatar a algunos marineros casi desfallecidos; otras no tenían la misma fortuna y eran a su vez presa de las aguas. Otros grupos arrojaban desde las peñas cables a los náufragos que luchaban desesperadamente contra las olas y las rocas.

Como resultado del naufragio, murieron cuarenta y una personas (incluido el comandante Krestschmann, al que un golpe de mar lo echó al agua), de entre ellos doce malagueños intentando ayudar y otras más que no son contabilizadas como consecuencia de neumonías. Los heridos fueron ingresados en el Hospital Noble, los supervivientes en el Ayuntamiento y la oficialidad fue acogida en el domicilio del cónsul alemán, Adolfo Príes.

Toda la ciudad de Málaga y los supervivientes del naufragio se unieron en un emotivo entierro en el Cementerio Inglés. El recuerdo de la ayuda que recibieron, las atenciones que les dispensaron y la simpatía y la cordialidad que les mostraron los malagueños hizo que se crearan fuertes lazos de amistad entre unos y otros y algunos de aquellos marineros volverían luego a Málaga para quedarse definitivamente. Hoy en día todavía se conserva un mausoleo que recoge los restos de estos hombres, y las tumbas de los marineros y de algunos oficiales.

La prensa nacional e internacional se hizo eco del desastre y describieron a Málaga y a los malagueños como paladines de la solidaridad, el socorrismo, la atención hacia los náufragos y, fundamentalmente, como generosos ciudadanos que pusieron su vida en peligro por salvar la de unos semejantes. Sólo por este gesto, la reina María Cristina, en nombre de su hijo Alfonso XIII, concedió a la ciudad de Málaga el título de «Muy hospitalaria», que desde entonces campea en su escudo.

En nombre de mi gusto hijo del rey don Alfonso XIII y como reina regente del reino. Vengo en conceder a la ciudad de Málaga el título de muy hospitalaria a qué tan honrosamente se ha hecho acreedora, rivalizando todas sus clases. Corporaciones y Ayuntamiento en el sábado salvamento de náufragos de la fragata de guerra alemana Gneisenau acreditando una vez más las altas dotes de abnegación, valor y calidad que distinguen a tan noble pueblo. Dado en Palacio a 3 de enero de 1901.

El ministro de la Gobernación, Javier Ugarte

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  1. […] Robert Boyd fue la primera persona en ser enterrada en este cementerio por el cónsul británico William Mark y su hijo William Penrose, tan solo cuatro meses después de terminar su construcción. Boyd fue fusilado junto al general Torrijos en la playa malagueña de San Andrés el 11 de diciembre de 1831, , tras ser apresados mientras luchaban para derrocar el régimen absolutista del monarca Fernando VII. A finales de 1900, el Cementerio Inglés acogió el emotivo entierro de las víctimas del fragata de guerra alemana Gneisenau, una historia de la que ya hemos hablado en este blog. […]

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